DE QUE LOS HAY, LOS HAY

 CRÓNICAS DEL METRO

columna

Por: Claudia Rio

El sistema de transporte colectivo mejor conocido como metro es testigo  de miles de experiencias y vivencias las  cuales  pasan en tan sólo segundos,  esos mismos que demoran de una estación a otra o al menos en teoría eso debería ser,  el metro es cultura, entretenimiento, ventas y un vaivén de personas cada una con historia propia.

Regularmente tomo la estación de Oceanía hasta pantitlán, donde por cierto es una de las estaciones más transitadas y por lo tanto peligrosas de todo el sistema, no únicamente por lo sobrepoblada a cierta hora, si no por ser una de las estaciones con mayor índice se robos y asaltos al tener las líneas 9, 1, 5 y A; cuando abordas la línea A para transbordar hacia la 9  es una locura, o mejor dicho un milagro que logres entrar. Es como exprimir una naranja, porque una vez que lo logras o  rebotas o apachurras a los demás, Claro, con una sarta de codazos y el complejo de futbolista americano que debe  taclear para entrar a la cancha.

Quien dice que los citadinos no hacemos cosas extraordinarias, si ya el hecho de abordar día a día el metro a las 7 de la mañana  ya es un logro, y mejor aún salir de la estación es todavía doble mérito, sobre todo cuando estas a la mitad de la línea, por ejemplo una antes de chabacano, ya que debes empujar  a la gente para te permitan salir, si te encuentras entre los pasillos o al extremo de la puerta donde no abren.

No, de verdad ser usuario del metro no es tan sólo el uso  común del trasporte, es una cuestión de supervivencia. Una vez que  se consiguió el objetivo de  abordar  la línea  A  dirección pantitlán, viene lo  duro que es salir de ahí, entiendo perfectamente que ante la retahíla de mentadas  por entrar ante lo IMPASABLE   como diría  el picaporte parlante de Alicia en al país de las maravillas,  la salida es aún peor, porque o te empujan o te empujan.

Lo que me llama la atención  es que cuando sales lo primero que ves es a los vendedores ambulantes que se han esparcido como cucarachas ante la falta de empleo,  considero que no es tan malo, estamos volviendo a nuestros orígenes prehispánicos, ya que actividad mercantilista informal era el verdadero sostén de la economía.  La diferencia es que ahora ya no hay trueques, ni te  pueden pagar con cacao.  El caso es  que si en si es milagroso abordar el metro, ahora imaginen vender en el, y pasar entre la gente; algunos con sus estridentes ruidos venden  su música y pobres de los que estén cerca, porque la bocina te la ponen en la mera oreja y eso sí que es molesto.

No sólo son los vendedores, sino los sitios de publicidad que el corporativo ISSA  se ha encargado de “administrar”, la verdad no entiendo, si gana millones en publicidad, espacios comerciales para vendedores, registrados y no registrados, aunado a los espacios televisivos, que hay en cada estación, y para rematar el pasaje ya es costoso; no se vea proyectado en el servicio.

Cuantas veces nos ha tocado y me incluyo en incidentes tan comunes como la incesante humareda entre los vagones porque hubo fallas mecánicas, y parece que va a explotar; lo único que se logra es nos ahoguemos por el espeso humo de los cables quemados y el plástico.  Considero que Bear Grylls  del programa sobreviví debería visitarnos un día en el metro.

Volviendo a los sitios de publicidad, en ocasiones cuando el metro suele tardar, para entretenerme veo los videos de Issa, algunos buenos, otros no tanto, pero en cierta forma te dan alternativas, como la música K-POP, o artistas nuevos conceptualmente hablando.

No todo es malo, también hay experiencias buenas, como los conciertos al aire libre, o las exposiciones gráficas que te permiten apreciar el valor artístico e histórico de nuestro legado,  incluso como hoy sucedió, que fui testigo de una filmación en el pasillo donde se transborda de la línea 5 a la 9.

Para cerrar amigos les contaré algo que sucedió hoy, cuando abordé  la línea A para llegar a los reyes, el metro abrió las puertas del otro lado, y pensé en voz alta,  “Sólo falta que cierre y se vaya” y así fue.  No solo se equivocó de puertas sino que logré sacar el complejo de Nostradamus.  Así que, de que los hay, los hay.

 

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Publicado en Columnas.