Egoismo inteligente

Por : Josep Planas

Uno no puede ayudarse a sí mismo si no ayuda a los demás. Todos estamos conectados entre nosotros  y nadie puede realizar su propia felicidad. Si queremos seguir siendo egoístas deberíamos al menos ser egoístas inteligentes: ¡ayudemos a los demás!-Dalai Lama

En esta cita, el Dalai Lama nos invita a reflexionar sobre la importancia de los demás en nuestras vidas y de que, puesto que todos estamos interconectados de alguna manera, no nos es posible ser felices “individualmente” aislados del resto de los mortales.

Hoy, en el mundo, y también en el mundo de la psicología predomina el individualismo, podríamos decir que se hace apología del individualismo. Conceptos como el de “autorrealización” y otros similares empezaron a adquirir fuerza en nuestra cultura occidental a partir de la segunda mitad del siglo XX. Cada uno tiene derecho a buscar libremente su propia felicidad, sí, pero…Resultado de imagen para egoísmo inteligente

–         ¿A cualquier precio?, ¿a costa de la felicidad de los demás?, ¿sin tenerlos en cuenta?

–         Y, aparte de deseable o no, justo o no: ¿es eso posible realmente?, ¿podemos vivir como Robinson Crusoe en su isla, sin que los demás nos influyan o nos condicionen de alguna manera?, ¿hasta qué punto somos libres de hacer esto o es simplemente un espejismo?

–         La búsqueda exacerbada del propio bienestar ignorando a los demás, ¿no nos está llevando paradójicamente a sentimientos mayores de soledad y vacío?. Y ¿no es, incluso, posible que eso desate núcleos de violencia en el mundo que acaben provocando mucho más dolor para todos?

Por tanto, tiene sentido pensar al menos en un “egoísmo inteligente” que tenga en cuenta a los demás para que ellos también nos tengan en cuenta a nosotros, sabiendo que cada uno de nosotros forma parte de un todo que nos trasciende y del que no nos podemos desvincular.

Si pensáramos así tal vez hoy, entre otras cosas, nuestro planeta no estaría amenazado por fenómenos como el del cambio climático, las guerras fratricidas, la corrupción y las crisis económicas producto de ese vandalismo (algunos lo llaman capitalismo o, incluso, democracia) que como Atila no deja crecer la hierba dónde pisan sus caballos.

Fuente: http://www.psicologobarcelona.es/

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Publicado en Artículos.